domingo, 18 de agosto de 2013

espaldas curtidas

      Reanudamos nuestra entrañable sección deseando a la nueva de directiva de Ádega un largo y próspero mandato. Para celebrar que no sólo no se nos ha muerto la criatura sino que las ansias cinéfilas han rebrotado con fuerza, os proponemos nada más y nada menos que una película de aventuras a la antigua usanza, es decir, como aquéllas que mamábamos los domingos en la función de las cuatro del cine Arosa (ya sé, los treintañeros no os acordáis, pero preguntad a vuestros hermanos mayores).
      Frizt Lang es un director atípico a reivindicar que, como otros de su generación, sucumbió al oro de los grandes estudios americanos. Autor de varias obras maestras sobre todo en su etapa europea -y muda- como Metrópolis o Dr. Mabuse, de clásicos indiscutibles del cine negro de Hollywood como Los Sobornados (impecable, irrepetible), aunque sobre todo recordamos su flamante adaptación del film francés dirigido por Jean Renoir La Bestia Humana bajo el título de Deseos Humanos.
      Los contrabandistas de Moonfleet constituye una incursión atípica del director austriaco en el género de aventuras, y pudo contar con el actor de moda en los años cincuenta para ese tipo de papeles, el fornido Stewart Granger, en cuya filmografía ya destacaban títulos tan exitosos como Las Minas del Rey Salomón, Scaramouche o El Prisionero de Zenda. Los resultados no pudieron ser mejores, ambientada en la Gran Bretaña del siglo XVIII, Moonfleet sigue siendo una de las cumbres del cine de aventuras.
      Dotada de una singular belleza plástica, narra las aventuras de un niño en el cubil de un puñado de contrabandistas, y sobre todo el proceso de redención del jefe de los bucaneros, todo ello enmarcado en una serie de escenarios de un recargado goticismo que erigen a este film en una pieza imprescindible para cualquier aficionado. Los Esclarecidos debieron componer su "Arponera" al ver la instantánea que adorna este espacio: Contrabando, traficaré contrabando, de tabaco y oro para ti...

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Moonfleet (USA, 1955).
Director: Fritz Lang. Intérpretes:Stewart Granger, Joan Greenwood, George Sanders.
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jueves, 15 de agosto de 2013

la balada de john y yoko

      Si John Lennon levantara la cabeza y viese el mercantilismo galopante creado a raíz de su estúpida muerte... Jamás lo entendería, ¿o tal vez sí? Asimilado su ideario y absorbida su imagen por el sistema, ya no nos acordamos de faceta más comprometida y contracultural, porque a pesar de nadar en millones el más díscolo de los cuatro magníficos de Liverpool siempre coqueteó con la actividad política, las drogas y el sexo a tutiplén por más que nos intenten vender la imagen contraria, la de un Lennon graciosillo y pirado por la japonesita.
      Dicho esto, estamos ante un magno proyecto resumido en casi dos horas. Su director, Andrew Solt, dispuso de un inmenso caudal de imágenes la mayoría nunca antes vistas, muchas procedentes de filmaciones familiares. El resultado es ni más ni menos la mejor cinta hasta la fecha sobre un tiempo y un lugar del que John nos hace partícipes. El documental, o reportaje para ser más precisos, consta de fragmentos de noticiarios de la época que aun deteriorados poseen un interés excepcional sobre todo para sus millones de seguidores.
      The Cavern, Hamburgo, Brian Epstein, Maharishi, Sgt. Peppers, Amsterdam… El Lennon real se va plasmando en medio de notas particulares de su vida privada y del gran amor por una mujer que desde 1968 al trágico 1980 -casi- nunca lo desamparó. Sin embargo hay que ser críticos, detrás de todo este despliegue está la sombra de esa omnipresente mujer, Yoko Ono, supervisora del film. Resultará casual, pero no hay ninguna entrevista ni a Paul McCartney ni a ninguno de los otros Beatles, algo inconcebible a la vez que muy sospechoso.
      Uno siempre recordará su estreno en un vetusto cine de Chamberí; en la cola para entrar y como si de su espíritu se tratase, un doble del John más hippie llamaba la atención, porque en 1988 todavía no había hecho su aparición la moda grunge. Sus canciones nos trajeron mensajes de paz y amor, su imagen como vocalista de los Beatles no tuvo parangón artístico, su carácter romántico consolidó el fenómeno de la historia e histeria universales del rock and roll. John Winston Lennon, una oportunidad de oro para conocerlo... y amarlo.

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Imagine (USA, 1988).
Director: Andrew Solt. Intérpretes: John Lennon, Yoko Ono.
Fotografía: Néstor Almendros.
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lunes, 12 de agosto de 2013

ulises a la deriva

      25 de octubre de 1985, sesión 427 del cineclub Ádega, auditorio de A Lomba. Algo mágico había sucedido aquella noche, y unos pocos afortunados estábamos allí para contarlo. Por primera vez desde la Nouvelle vague habían temblado los preceptos básicos de la narración cinematográfica cimentados en el clasicismo. Aquello era una novedosa mezcla entre el Nuevo Cine Alemán (Wenders/Herzog/Fassbinder) y Nicholas Ray, del cual Jim Jarmusch fue ayudante en la Escuela de Cine de Nueva York.
      Tras este exitoso "debut" -antes ya había rodado Permanent vacation- otros dos títulos completarían la trilogía dorada de Jarmusch: Down by law (1986) y Mystery Train (1991), cuyo nexo de unión son los caracteres que llevan existencias de robots, incapaces de relacionarse o comunicarse y la aparición en esta atmósfera de un tercer punto de vista que deja al descubierto la superficialidad de la existencia. Después vendrían Night on Earth, Coffee and Cigarettes y la más reciente Broken Flowers.  
Jim Jarmusch surgió de la misma hornada que, por ejemplo, el comprometido Spike Lee. También se le ha podido ver como actor invitado en colaboraciones para sus amiguetes, por ejemplo en In the soup de Alexandre Rockwell (1992) al lado de Steve Buscemi. Vista hoy, Extraños en el paraíso no ha perdido un ápice de su frescura ni del subversivo espíritu juvenil con que fue concebida, y su propuesta estética sigue siendo considerada una de las más audaces del cine contemporáneo.
      Un desencantado viaje a través de unos Estados Unidos esencialmente sórdidos que propone una aguda reflexión sobre el mal llamado Sueño Americano. Es una película divertida, traviesa, donde cada palabra -y cada silencio- tiene su punto de acidez, de tierna crueldad, que sólo desvela su melancolía al final. Eso le da un sabor fuerte, en el sentido gustativo de la palabra, como se dice de un plato fuerte pero sabroso. No os la perdáis, quizás sea The Last Picture Show de nuestro querdio cineclub, un cierre de lujo a estos 30 años de buen CINE.

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Stranger than paradise (USA, 1984).
Director: Jim Jarmusch. Intérpretes: John Lurie, Richard Edson, Tom DiCillo.
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viernes, 9 de agosto de 2013

¡qué bello es sobrevivir!

      ¿Una vendedora de manzanas relacionada con la mafia? Cosas más difíciles se han visto en el cine. El que fuera último film del maestro Frank Capra no es más que un remake de Dama por un día, título que el propio director filmó en los años treinta. Un gángster para un milagro resulta un placentero entretenimiento para cualquier cinéfilo, ya sea por el humor inteligente que borda la mayoría de las escenas, como por los ilustres intérpretes que consiguen de manera rotunda dar forma y canalizar los típicos buenos sentimientos del director de Arsénico por compasión.
      Una producción de lujo orientada al mercado navideño que sin embargo, si exceptuamos la secuencia inicial donde aparece Santa Claus, obvia todos los tópicos del género, razón insuficiente e incomprensible para no obtener el beneplácito del público, que en definitiva era quien dictaba -y sigue dictando- sentencia en cuanto a éxitos y fracasos de las ‘majors’ hollywoodienses se refiere.
      Todos los tejemanejes que se derivan de la ayuda del gángster -magistral Glenn Ford- a Annie -no menos magistral Bette Davis- son tratados por Capra de manera harto ejemplar, en el ritmo y en los diálogos (destacando el personaje interpretado por Peter Falk, el eterno ‘Colombo’), y en los momentos más sentimentales, culminando como suele ser habitual en el realizador italoamericano con un final optimista y dichoso.
      La película significó el debut de la futura sex-symbol Ann-Margret (Conocimiento Carnal), dentro de un reparto extenso y memorable. Como diría nuestro álter ego, “os continuos vergallazos de humor intelixente e acedo semellan saídos dunha comedia coral de Wilder, ou dun musical de Minnelli. Os mafiosos nunca foron tan bos e xenerosos coma neste film de visión obrigada”.


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Pocketful of Miracles (USA, 1961).
Director: Frank Capra. Intérpretes: Davis, Glenn Ford, Peter Falk.
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jueves, 8 de agosto de 2013

caracteres degradados

       Más que un clásico. El cineclub esta vez arriesga, y eso siempre es de agradecer. Dicen que es la mejor película del por aquí muy desconocido director galo Claude Miller, y que, después de un cuarto de siglo de su estreno, no ha perdido un ápice de su fuerza original. Aquí no encontraremos las intelectualidades afines a la Nouvelle Vague ni las disquisiciones metafísicas propias de Éric Rohmer y compañía, tan sólo buen cine accesible a cualquier tipo de público, eso sí, que al menos tenga ojos y oídos.
      Esta película si de algo puede presumir es de contar con un duelo de actores memorable, de lo mejor visto en una pantalla. La mejor manera de andar nos muestra las actitudes de un macho macho man confrontadas con un ser sensible y culto; resultado, se desencadenan los mecanismos de la humillación. Tiene mucho que ver con la manía enfermiza de que todo ser debería salir del armario para mostrarnos su vida oculta, sus hábitos y todo lo que al mundo exterior se le oculta.
      1960, un campamento de verano para chicos. Tras cada puerta se esconde un secreto, las revistas pornográficas comparten almohada con Mickey Mouse. El enamoramiento frustrado entre estos dos muchachos traerá consecuencias imprevisibles, como suele suceder la estrategia cambia de signo hasta desembocar en la ofensa y en el castigo. Los diálogos están cerca de perfección, repletos de alusiones, de oraciones amenazadoras, de acusaciones veladas donde lo que se deja de decir mosquea todavía más.
      Así las cosas, no todo aquí es drama, ciertas escenas hilarantes salvan al film del desespero y la cursilería sádica. La pericia de Claude Miller se deja notar en la última secuencia, cuando los dos protagonistas se enfrentan a la vida real. El ‘establishment’ no tolera desviaciones, así que mientras existas socialmente puedes ser alguien respetable, aunque no te cases. De lo contrario, tu frustración te lleva a proyectarla sobre otros seres. Con estas premisas se nos presenta una prometedora noche de cine.


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La meilleure façon de marcher
(Francia, 1975).
Director: Claude Miller. Intérpretes: Patrick Dewaere, Patrick Bouchitey, Christine Pascal.
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miércoles, 7 de agosto de 2013

la vita è bella

       Para celebrar el 30 Aniversario del Cineclub Ádega nada mejor que redescubrir la que sin duda es la obra más prestigiosa del gran Federico Fellini, la que figura en muchas listas como una de las diez mejores películas de la historia, un título especialmente valorado por los realizadores de cine, y no es de extrañar ya que Ocho y medio trata en esencia sobre la creación cinematográfica, más aún, sobre el creador y el artista.
      El argumento gira alrededor del famoso director y autor Guido Anselmo, el cual está atravesando una profunda crisis creativa. No puede conseguir la tranquilidad necesaria para encontrar ideas nuevas para su siguiente película; es entonces cuando las visiones que lo habían atormentado adquieren una resplandeciente claridad. Los fantasmas de su conciencia reconstruyen un mosaico hecho de verdad y belleza, a través del cual renace el placer mismo de la vida y de todo lo que ella contiene. Ya puede comenzar la película.
      Gracias al éxito mundial de La dolce vita, Fellini comenzó a tener carta blanca para hacer lo que quería. Así Ocho y medio no es más que la puesta en escena de sus dudas y angustias frente a esa libertad, ante el hecho de tener entre manos un “juguete” tan desmesurado como es el cine. Alberto Moravia escribió: Los sueños de Fellini son siempre sorprendentes y, en un sentido figurado, originales. Pero sus recuerdos están llenos de un sentimiento más profundo y más delicado basado en su propia experiencia
      Bañadas por la inspirada partitura de Nino Rota, pasea ante nuestra mirada todo el mundo imaginario de Fellini. Su adoración de la belleza femenina, su debilidad por la exhuberancia, por lo chic y por lo vulgar, su casi fetichista fascinación por la iconografía religiosa cristiana, la infancia, la creación, los sueños, los decorados monumentales, la excentricidad como forma de vida y como expresión artística. Todo Fellini, por algo le supuso su merecido tercer Óscar.

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Otto e mezzo
(8½)  (Italia, 1963).
Director: Federico Fellini. Intérpretes: Marcello Mastroianni, Claudia Cardinale, Anouk Aimée, Sandra Milo.
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domingo, 4 de agosto de 2013

escápate, mon amour!

      Cando souben da reestrea en Madrid dunha versión restaurada de À Bout de Souffle, o meu corazón púxose a cen. Aquela historia fritírame as miñas neuronas de adolescente soñador alá polo ano 1982, cando a botaran por primeira vez no cineclube. Sempre lembrei a ambigüidade sexual da moza protagonista, algo que tamén me pasara coa Charlotte Rampling de Porteiro de Noite, ou coa inofensiva Rita Tushingham de A Taste of Honey.
      Había que traela como fose, e, nun esforzo sen precedentes da directiva de Ádega, por fin a temos a piques de se proxectar de novo, vinte dous anos despois. Pero, ¿por que é tan importante este título? ¿Tan faltos andamos de sinceridade emocional para vernos reflectidos nas identidades transgresoras destes heroes de celuloide?
      A primeira película de Godard é xa un referente para calquera afeccionado ó Cine. Un filme de culto rodado nos solpores do que se deu en chamar a Nouvelle Vague francesa. O pesimismo pequenoburgués do director de Pierrot le fou non é máis que a desilusión da xeración progresista que creceu á beira dunha cultura de masas norteamericana divulgada polo cine, en especial polo cine de gángsters (Belmondo v/s Bogart). Unha visión pesimista das relacións humanas e do orde social á que entón cualificaron de anarquista.
      A vida pasa, vive o momento. Un Carpe Diem caótico. Belmondo vai de tipo duro, de romántico bad good boy que se debate entre a mágoa e a nada. Seberg elixe a traizón, ou mellor diriamos a prostitución moral. Unha femme coquette, atractiva anque detestable. Os dous fan o que queren facer dependendo do poder que cada un deles acumula, como Bonnie & Clyde pero, ¿quen é Bonnie e quen Clyde?
      Elipses, colaxes, cámara en man... e por riba de todo, o redescubrimento de París, o París dos lastros aínda sen levantar, o París de Robert Doisneau, o París das quenllas de chapa e suspensión dinámica. Patricia pregunta: ¿Prefires os meus ollos, a miña boca ou os meus ombreiros? Michel vístese en doce segundos escamoteando as escenas de transición coma no cine mudo (¡que putada!, dixen eu entón).
      Unha técnica de montaxe brusca, daquela chamada chapuceira polos puristas, e hoxe copiada por orixinal ata nos anuncios de Martini (onde chama moito a estética cool tamén presente no filme); un exemplo de cine realista, nas antípodas do neorrealismo, que recolle abertamente as ensinanzas do cine noir americano para despoxalas de calquera artificialidade e rigor academicista.
      Un filme de culto, arrogante e sensual, revisitado por Hollywood no absurdo e innecesario remake de Jim McBride Vivir sen Alento (1983), unicamente salvado in extremis polo erotismo afrancesado de Valerie Kaprisky, tan irresistible e indecente como a rexión triangular inferior de Patricia.
      Se algunha lectora está pensando en cambiar de peiteado, que vexa o vindeiro mércores o que se gasta Jean Seberg. Quixera imaxinar a moitas Patricias camiñando polas rúas vilagarciás. Entón pecharíaseme o círculo dunha fantasía animada por fin realizada.

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À Bout de Souffle (Francia, 1959).
Director: Jean-Luc Godard. Intérpretes: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger.
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jueves, 1 de agosto de 2013

sedúceme, s’ill vous plaît

      Éric Rohmer es, Junto con Claude Chabrol, uno de los directores más activos de su generación, los que como él comenzaron colaborando en la prestigiosa revista Cahiers du Cinéma. A sus ochenta y tantos años todavía es capaz de firmar obras tan redondas como La inglesa y el Duque (2000) para gozo de sus seguidores, entre los cuales nos incluimos desde el pase en Ádega hace ya veinte añitos de La mujer del aviador (1982).
       Los personajes de sus películas hablan constantemente intentando explicarse a sí mismos, a modo de una reflexión compartida con el espectador, sin llegar jamás a una conclusión. Al final, nunca logran ninguno de sus objetivos propuestos, quedan supeditados a su deambular, a seguir buscando. La Coleccionista, junto con Le Rayon Vert, Pauline à la plage y Conte d’eté, puede integrar una serie transversal de films de vacaciones en la obra de Rohmer.
      Su filmografía más conocida está dividida en una serie de capítulos que agrupan sus mejores títulos: Los Cuentos Morales (La boulangère de Monceau (1962) y La carrière de Suzanne (1963); Comedias y proverbios (La femme de l’aviateur (1980), Pauline a la plage (1982). La Coleccionista pertenece al primero, y reúne todos personajes ‘rohmerianos’ que uno se imagina: Adrien (el prota), Jenny (su novia), Daniel (su amigo), Haydée (la chica sensual), Saint Tropez...
      Resulta gratificante comprobar hoy la vigencia de Rohmer, su frescura a pesar de los años, esa capacidad de continuar viendo el mundo con ojos actuales, sin ese dejo de nostalgia que se percibe en algunos directores de su generación. Quizás sea esa férrea voluntad por conocer el alma humana lo que le ha permitido hacer que sus personajes sean atemporales, que condensen la experiencia del devenir cotidiano, y que cada espectador que se tope con una película de Éric Rohmer se vea en mayor o menor medida parecido a ellos.

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La Collectionneuse (Francia, 1967).
Director: Éric Rohmer. Intérpretes: Patrick Bauchau, Haydée Politoff, Daniel Pommereulle.
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miércoles, 31 de julio de 2013

flambeando libros

Esta fábula futurista tomada en parte de una novela de Ray Bradbury entronca con aquel género de ciencia-ficción pesimista en la que tan bien se desenvolvieron George Orwell y Aldous Huxley. En ese hipotético mundo deshumanizado, la conciencia individual se subvierte en favor del pensamiento único del sistema (me suena). En el que aquí se nos muestra cualquier publicación impresa está prohibida, cercenando a la población el derecho y la capacidad de pensar por sí misma. El poder es quien programa la TV familiar, decide tu corte de pelo y administra tus medicamentos (también me suena).
      El nombre de François Truffaut en los créditos no debe inducir a confusión, ya que estamos ante una producción al más puro estilo americano, aunque de impecable factura británica. La magia del director de «Jules et Jim» se diluye en favor de las secuencias de acción; así el ritmo visual se ve favorecido y el espectador participa de la vibrante trama sin la necesidad previa de haberse leído la novela. Del argumento se desprende una curiosa reflexión. Si algún día se nos prohibiese la lectura y cualquier material impreso fuera pasto de las llamas, entonces... ¿Cómo diablos aprenderíamos a leer? Seríamos analfabetos; por lo tanto los libros ya no representarían ningún peligro. Paradojas aparte, no deja de se una excelente película apta todos los públicos.
      Ah, casi se me olvida. El misterioso significado del título lo desvela uno de los bomberos protagonistas, el interpretado por Oskar Werner (casualmente el Jules truffaniano): “F-451 es la temperatura a la cual un libro comienza a arder”. Espero que no se os ocurra hacer la prueba.

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Fahrenheit 451 (Francia/Reino Unido, 1966).
Director: François Truffaut. Intérpretes: Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack.
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sábado, 27 de julio de 2013

psicodelia refinada

           En 1965, Roger Waters y Nick Mason, 2 estudiantes de la Polytechnic School de Londres, formaron con Rick Wright un grupo llamado Signa 6. La banda sufrió varios cambios de nombre: T-Set, The Megadeaths, The Architectural Abdabs y The Sreaming Abdabs. La agrupación continuó cambiando al incorporarse un nuevo guitarrista llamado  Syd Barrett, a quien se le atribuyó la creación del nombre Pink Floyd, proveniente de la unión de los nombres de 2 músicos de blues: Pink Anderson y Floyd Council.
      A partir de aquí y hasta 1975 se consagraría como uno de los pilares fundamentales del rock inglés, primero sicodélico y más tarde sinfónico. El año 1979 significó la creación del disco titánico The Wall, siendo el tema Another brick in the wall uno de los pocos hits de la formación. ‘El Muro’ hablaba de los ladrillos de la autoprotección que las personas construyen para protegerse de una realidad hostil, además de percibirse en él una sobreproducción, un culto al exceso y una ausencia de elementos musicales nuevos
      Para 1982, Waters estaba obsesionado con la materialización cinematográfica de su obra magna. El elegido para la realización de este proyecto fue Alan Parker (Birdy, Arde Mississippi). El rodaje se hizo en la primera mitad de ese año y, el 15 de julio, se llevó a cabo su estreno en Londres. Pink Floyd -The Wall, glorifica la paz y denuncia todo aquello que transgrede los derechos humanos: la opresión, la violencia y la guerra. Constituye un grandioso videoclip, muy al estilo del Tommy de los Who (Ken Russell, 1975).
      Más allá de entretenimiento, el cine puede ser una profunda experiencia que no necesariamente debe sacrificar su valor recreativo para contar historias complejas y ricas en significado y contenido. Fue Alan Parker junto con Oliver Stone quienes me hicieron ver la falacia del cine ‘de consumo’, que en muchas ocasiones parece regodearse en la incoherencia y la ineptitud narrativa para fingir entretenimiento. Porque aún hoy se siguen levantando muros incoherentes con la promesa globalizadora y la paz infinita.

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The Wall (UK, 1982).
Director: Alan Parker. Animación: Geral Scarffe. Intérpretes: Bob Geldof, Bob Hoskins.
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miércoles, 24 de julio de 2013

de máscaras y enigmas

       En éste nuestro querido cine se dio la circunstancia paradójica de que dos de sus nombres, dos de sus genios inclasificables nos sorprendían con una película, con una obra maestra cada dos lustros: Iván Zulueta y Víctor Erice. Del primero siempre nos quedará su Arrebato (1980), mientras que del segundo recordamos su incontestable trilogía formada por El Sur, El Sol del Membrillo y el título que hoy nos ocupa, El Espíritu de la Colmena.
      El guión del propio Erice y de Fernández-Santos cuenta con una historia ambientada en un pueblo castellano, terminada la Guerra Civil. La vida transcurre rutinaria en un entorno duro e inhóspito, en el que sólo el cine aporta algún elemento ilusionante. Un hombre ajeno a todo, consagrado al mundo de las abejas y su melancólica esposa, conviven como extraños. Las dos hijas pequeñas, en este ambiente enrarecido, sobreviven su infancia, poblada de quimeras y pesadillas cinematográficas.
      El Espíritu de la Colmena se ha conservado tan fresca como las otras dos obras mencionadas de Víctor Erice. Respaldada por el éxito crítico y comercial, esta realización fue la primera película española que dio una representación realista de la vida bajo el régimen de Franco. Gracias a un mensaje ideológicamente ambiguo, sin apuntar nunca nada sobre la posición política de los protagonistas (el padre, el fugitivo), se evitaron a los censores de la época.
      El estilo, las imágenes meditativas, su elaborada iluminación, unas escenas cuidadosamente compuestas... Todo refleja la monótona paz de la vida del pueblo, el tono contemplativo de su gente y los obstáculos para formar entendimientos y relaciones. La destacada interpretación de una joven Ana Torrent ayuda al retrato de estas inquietudes, metáfora de la experiencia de miles de personas que vivieron durante la dictadura.

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El Espíritu de la Colmena (España, 1973).
Director: Víctor Erice. Intérpretes: Ana Torrent, Fernando Fernán Gómez, Teresa Gimpera.
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domingo, 21 de julio de 2013

oscar para matthau

      En bandeja de plata, otra excepcional comedia de Billy Wilder (Con faldas y a lo loco, Irma la dulce) en la que la crítica mordaz a la sociedad norteamericana se centra esta vez en el mundo jurídico y de los seguros, así como en las estructuras matrimoniales. Harry Hinkle -Jack Lemmon-, un cámara de la CBS, es arrollado por un jugador de fútbol americano, ‘Boom Boom Jackson’. A partir de aquí su única obsesión será la de obtener la máxima tajada de la compañía aseguradora, en complicidad con su cuñado -Walter Matthau-, un maquiavélico abogado.
      Todo resulta ser una hábil estratagema de este par de sinvergüenzas para repartirse así el millón de dólares que la compañía de seguros tendrá que pagarles por los supuestos daños físicos, un tema el de cobro de pólizas que el director austriaco ya había tocado en Perdición. Una serie de situaciones descabelladas y las divertidísimas y no menos magistrales interpretaciones de una de las parejas míticas del cine de todos los tiempos hacen de esta películoa uno de los más inolvidables títulos del director de El apartamento.
      Casi todos los valores e ideales del american way of life resultan vapuleados, pero Wilder lo hace desde el centro del sistema y nunca renunciando al mismo, como si en el fondo reconociera que en sí no son malos, aunque advirtiendo cómo son prostituidos cotidianamente. En dieciséis partes va desarrollando en primer término la encarnizada lucha entre el picapleitos sin escrúpulos y los directivos de la compañía de seguros, que no dudan en poner en práctica su espionaje para desmontar la supuesta parálisis de Hinkle.
      Esperamos que acudáis todos a verla, os garantizamos que siempre la llevaréis en vuestro corazoncito. Tampoco olvidemos que Billy Wilder es prácticamente el único director de comedia americano que encuentra el material para sus películas, no en situaciones artificiales, sino en la exageración artística de características humanas fácilmente reconocibles. Directores de la talla de Fernando Trueba no han vacilado en reconocer su valioso legado fílmico.

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The Fortune Cookie (USA, 1966).
Director: Billy Wilder. Intérpretes: Jack Lemmon, Walter Matthau, Judi West.
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sábado, 20 de julio de 2013

amor y caos en color

      Aviso para navegantes: Antonioni no resulta un plato fácil de digerir ni siquiera para sus seguidores. Reivindicado y denostado a partes iguales, sus películas reflejan una mirada personal sobre la realidad en la que el uso del simbolismo visual nos acerca a los temas de la alienación, el desasosiego o el erotismo sin amor, todo aquello que Antonioni definió como ‘incomunicabilità’. Resumiendo, hay que estrujarse un poquito el seso.
      El personaje principal es Giuliana, una mujer insatisfecha no sólo de su vida conyugal sino también de su esfera social y afectiva. Con el fondo de una ciudad con ciertos rasgos de modernidad e industrialización invasora, Giuliana tiene una existencia cada vez más ajena. Tras un grave accidente automovilístico no consigue restaurar los vínculos afectivos ni con el marido (reflejo de su propia antítesis), ni siquiera con su pequeño hijo.
      Antonioni comenzó su carrera como crítico, guionista y ayudante de dirección. Su debut como director fue Crónica de un amor, a la que siguió la tetralogía La aventura, La noche, El eclipse y El desierto rojo, su primera película en color (Palma de Oro en Cannes 1963), y es autor o coautor de la mayoría de sus guiones. Tras trece años inmovilizado a causa de un derrame cerebral, Antonioni codirigió con Wim Wenders Más allá de las nubes (1995) y un episodio para la reciente Eros (Steven Sodebergh/Won Kai-War).
      Otro de sus clásicos es la inolvidable Blowup (1966), mucho más comercial y contemporánea, al más puro estilo british-sixties (quizás los de Ádega debieron escoger este título y no otro). Sin seguidores verdaderos que hayan sabido desarrollar los aspectos más llamativos de su cine, como el uso renovador del lenguaje cinematográfico y la fría lucidez de su mirada, su filmografía constituye el testimonio de una personalidad inconfundible. Antonioni tiene merecida la consideración de clásico. A ver cuántos vamos...

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Il Deserto Rosso (Italia, 1964).
Director: Michelangelo Antonioni. Intérpretes: Monica Vitti, Richard Harris, Rita Renoir.
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viernes, 19 de julio de 2013

a ver si aprendemos

      El cine de Eric Rohmer se caracteriza por su simplicidad y agudeza intelectual, en climas de profunda empatía con las localizaciones y con aquellos personajes que definen el sentido moral de cada una de sus historias. Su extensa carrera de más de cuarenta años como director se podría dividir en tres grandes etapas: Cuentos morales, Comedias y proverbios y Cuentos de las cuatro estaciones. El presente título no pertenece a ninguna saga, pero guarda relación con Las cuatro aventuras de Reinette y Mirabelle (1987).
      El alcalde de un pequeño pueblo quiere construir un gran complejo deportivo-cultural en unos terrenos cercanos al pueblo. Cuando todo parece seguir su cauce normal, comienzan a surgir infinidad de pequeños problemas, presiones de uno y otro bando y cuestiones políticas que ponen en peligro el proyecto. Algo que nos suena y que ya empezamos a sufrir en nuestras propias carnes, lo verde dejando paso al cemento, el hormigón y la insaciable depredación constructora que todo lo uniformiza y arrasa.
      El árbol, el alcalde y la mediateca nos habla de la eterna oposición entre campo-ciudad, la cultura de campo frente a la cultura urbana. La cultura de campo viene ejemplificada en el radicalismo del maestro protagonista que se opone totalmente a la construcción de la mediateca ya que para él es la destrucción de uno de los valores más preciados que es la autenticidad. Su antagonista, el alcalde, es un hombre de ciudad que vive en el campo y se cree un terrateniente intentando llevar la política social de la ciudad al campo.
      Aquí la baronesa Thyssen se ató a uno de los árboles del Paseo del Prado, provocando una reacción desigual. Nadie parece ver la relación existente entre árboles y bibliotecas (en este caso museos); o el papel y el cambio climático, entre el agua y el papel. Para conseguir una tonelada de celulosa se necesitan 120.000 litros de agua y más de 20 árboles. La flora contribuye a la lluvia, el CO2 acaba con las lloviznas, que se dan mayormente los fines de semana porque es cuando disminuye la contaminación urbana.

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L’arbre, le maire et la médiathèque (Francia, 1993).
Director: Eric Rohmer. Intérpretes: Pascal Greggory, Arielle Dombasle, Fabrice Luchini.
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jueves, 18 de julio de 2013

goodbye american way

      Impresionante y estremecedor western crepuscular que narra las peripecias de un grupo de desarraigados cowboys en un país en el que ‘los perros comen caballos’. Una atractiva muchacha llega a Reno para cumplimentar su divorcio. Allí conoce a varios vaqueros que actúan como estrellas en rodeos y exhibiciones. En su contacto, la muchacha descubrirá los valores del desarraigo y de la independencia. El maduro trío protagonista refleja la triste y sórdida decadencia del sueño americano a ambos lados de la cámara.
      Por encima de todo se trata de un emblema y de un certificado de defunción: la víctima, un género; el firmante, un director que para esas fechas ya era el mejor forense de Hollywood: John Huston. Como si lo previera, fue también la última película de Marilyn y Gable, ambos en la intuición del último acto, del último suspiro, porque a la biografía de los perdedores el director añade la parábola terrible de una despedida. Paisaje y personas aparecen envueltas en un único destino. La derrota, definitivamente, ha sido asumida.
      La Monroe nunca antes había trabajado cara a cara con su vulnerabilidad; así la película actúa como un desapacible elemento de psicodrama, descubriéndonos por primera vez a una actriz a años luz del estereotipo de rubia atómica y sexual. Clark Gable se enamora y Montgomery Clift está particularmente cómodo en el papel de jinete de rodeo en conflicto con su madre. Filmada en el estado de Nevada, fueron sonados los retrasos en los rodajes por culpa de los constantes desórdenes emocionales de una Norma Jean en horas bajas.
      Según Arthur Miller (autor del guión): Marilyn era el cine, era imagen, era uno de esos amaneceres en los cuales nos bañamos de fuego y pasión, quedando marcados de por vida, pero el dolor de esa corona de espinas de nuestra rutinaria vida fue tan placentero... Siempre el brillo del mismo fuego puede cegarnos de  forma que a veces impide que veamos más allá de las mismas llamas. Es una lástima porque en ese mismo resplandor está el sentido de la vida, y como auténticos misfits continuamos perdidos en nuestras miserias.

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The Misfits  (USA, 1961).
Director: John Juston. Intérpretes: Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Cliff.
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